Cómo encarar un despido: claves de un letrado laboral en Sevilla

A absolutamente nadie le gusta abrir un burofax un viernes por la tarde. He visto esa escena muchas veces en mi despacho, desde administrativos con veinte años de antigüedad hasta ingenieros recién incorporados por ETT. El impacto inicial pesa: temor a no llegar a fin de mes, rabia por la carencia de reconocimiento, dudas sobre qué decir y qué firmar. Sin embargo, las primeras 72 horas marcan la diferencia entre perder derechos y encauzar el caso con solvencia. Comparto acá lo que he aprendido como abogado laboral en Sevilla, con ejemplos reales y criterios prácticos que suelo aplicar.

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Lo primero: frenar la prisa y leer con calma

La prisa del empleador no debe ser la tuya. Muchas cartas incluyen frases como “firme para recibir el finiquito” o “si no firma no podemos tramitar su baja”. La firma como “no conforme” no supone aceptar el motivo del despido, pero deja constancia de que disientes y conserva la posibilidad de reclamar. Y si te niegan copia de lo que te presentan, anótalo a mano en el documento y guarda cualquier comunicación: correos, WhatsApp con recursos humanos, órdenes recibidas el día anterior. Es material probatorio de primer nivel.

Curiosamente, lo que más calma da no es una promesa de éxito, sino un plan. Mi consejo general es trazarlo en tres líneas: documentación, plazos y situación económica. Cada una tiene sus matices, y en Sevilla, donde muchas pequeñas y medianas empresas funcionan con activas informales, resulta conveniente acorazarse con procedimiento.

El papel de la carta de despido y lo que revela

La carta no es un formalismo cualquiera. Debe apuntar la causa y la data de efectos. Si es disciplinario, debe especificar hechos y datas, no solo adjetivos. Si es objetivo, debe justificar la causa alegada, por servirnos de un ejemplo disminución persistente de ingresos, reestructuración organizativa o ineptitud sobrevenida, y anexar documentación cuando proceda. En la práctica, veo cartas tipo de media página, con frases genéricas. Eso acostumbra a jugar en favor del trabajador.

Un ejemplo reciente: una comercial de una empresa de suministros recibió carta disciplinaria por “pérdida de confianza”. No había fechas, ni incidencias específicas. Aportamos su histórico de ventas, capturas de pantalla de campañas asignadas y el plan de objetivos. El juez declaró el despido improcedente, y la indemnización fue de 33 días por año con un techo próximo a 24 mensualidades. La empresa gastó https://louismhkw022.theburnward.com/despidos-en-espana-como-un-abogado-laboralista-puede-defender-tus-derechos más en su emergencia que si hubiese pactado una salida digna.

Si la carta o el burofax no se entregan de manera correcta, o si hay una incoherencia entre la data comunicada y la real, se abren opciones. Por eso insisto en preservar el sobre, el justificante de burofax, la pantalla del SMS de la empresa de mensajería. Pequeños detalles cambian la geometría del caso.

Tipos de despido: diferencias que importan

En la calle se habla de “me han echado” como si todo fuera lo mismo. No lo es. La calificación jurídica condiciona indemnización, paro y táctica procesal.

El disciplinario se basa en incumplimientos graves: faltas de asistencia, vulneración de la buena fe, disminución voluntaria del desempeño. No lleva indemnización, pero sí da acceso a la prestación por desempleo si cumples cotizaciones. Acostumbra a ser el terreno de la prueba: registros de acceso, sistemas de fichaje, protocolos de calidad. En mi experiencia, muchas empresas invocan mala fe con probanzas flojas.

El objetivo se apoya en causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, o en ineptitud sobrevenida. Acá sí existe indemnización de veinte días por año con tope de 12 mensualidades, y debe entregarse con preaviso de quince días, a menos que se abone el salario de ese periodo. Además, en empresas de cierto tamaño, hay que ofrecer plan de recolocación en despidos colectivos. He tumbado objetivos por falta de correlación entre la causa alegada y la ocupación real del trabajador. Si te despiden por razones económicas mientras que contratan en tu departamento, la justificación se resiente.

El despido nulo es otra liga: transgresión de derechos fundamentales, discriminación, represalia por demandar, o situaciones protegidas como maternidad, paternidad y ciertos supuestos de reducción de jornada por cuidado. La nulidad implica readmisión y sueldos de tramitación, lo que para muchos clientes es más valioso que la indemnización. Recuerdo el caso de un operario con reducción de jornada por cuidado de hijo con discapacidad. Al mes, le movieron de turno a uno incompatible, y al negarse, le despidieron por “baja productividad”. Se acreditó la represalia y el juzgado ordenó su readmisión.

Los plazos que no perdonan

La papeleta de conciliación debe presentarse en 20 días hábiles desde la data efectiva del despido. Días hábiles quiere decir que no cuentan sábados, domingos ni festivos. Es un plazo de caducidad, si se pasa, se pierde la acción. Por eso, si bien estés negociando, resulta conveniente presentar la papeleta para suspender el cómputo hasta el acto de conciliación. En Sevilla, el Centro de Mediación, Arbitraje y Conciliación suele apuntar fecha entre dos y seis semanas, con variaciones conforme temporada del año.

Si recibes una propuesta de mejora, documenta cada paso. Un compañero de hostelería admitió verbalmente una indemnización, se confió, y no presentamos la papeleta a tiempo por el hecho de que la empresa le dijo que “estaba todo listo”. Llegado el día, le contestaron que “lo estaban revisando”. Perdimos el plazo, y con él, el caso. La mejor negociación es la que se resguarda con una acción presentada.

Paro, finiquito e indemnización: piezas distintas

Muchos confunden finiquito con indemnización. El finiquito liquida conceptos devengados: salario del mes, parte proporcional de pagas extra, vacaciones no disfrutadas, horas extra pendientes. La indemnización repara la rotura en despidos improcedentes u objetivos. Que te paguen finiquito no te quita derecho a impugnar. Es conveniente comprobar nómina a nómina, pues en ámbitos con pluses variables suele haber diferencias. En logística veo de manera frecuente plus de nocturnidad mal calculado y devengos de festivos sin abonar.

Respecto al paro, con un despido, sea disciplinario u objetivo, accedes si cumples cotización mínima. Lo que sí puede paralizar la prestación es un pacto de baja voluntaria disfrazado. Si el empresario te “invita” a firmar una baja voluntaria a cambio de algo, sospecha. Un despacho letrado laboral serio no te recomendará admitir un documento que te corta el desempleo salvo que la compensación sea equivalente y el plan sea claro.

Prueba, esa palabra que suena a juicio pero se prepara antes

En laboral, la verdad sin prueba es una intuición. Lo que importa es lo que puedas demostrar. Si la contabilidad es opaca, rastrea por tu correo corporativo. Si todo se hacía por WhatsApp, exporta conversaciones. Si fichabas con app, guarda capturas de tu histórico ya antes de perder acceso. Cualquier testigo cuenta, pero es más eficaz si podemos vincularlo a hechos concretos: un encargado que asignaba turnos, un compañero que recibió exactamente la misma instrucción, un distribuidor que acreditó entregas.

No cruzar la línea también es clave. Está prohibido llevarse bases de datos extrañas, descargar archivos de clientes sin autorización o grabar conversaciones en las que no participes. Sí está permitido grabar una asamblea si estás presente, y suele ser determinante para evidenciar un trato humillante o un ultimátum que la compañía luego niega. En Sevilla, los juzgados laborales valoran muy bien las grabaciones claras y breves, de menos de diez minutos, con voces reconocibles.

Negociar o litigar, una resolución con datos

No todo acaba en juicio. Muchos casos se resuelven en el acto de conciliación o con un pacto privado. La estrategia depende de varias variables: solvencia de la empresa, antigüedad, hechos acreditables, riesgo de nulidad, tiempos de señalamiento. En dos mil veinticinco, los señalamientos para juicio en la jurisdicción social están cayendo en rangos de 6 a doce meses. Si la empresa tiene riesgo de insolvencia, tal vez convenga pactar pronto, escalonando pagos con garantía real o aval. Si la carta es descubiertamente enclenque y tienes un supuesto protegido, el litigio merece la espera.

He pactado salidas con pagos mixtos: una parte inmediata, otra a 90 días con reconocimiento de deuda y cláusula penal. He pedido retener mercadería hasta el pago cuando el usuario era un comercial autónomo con vínculo laboral encubierto y el stock estaba en su poder. Son resoluciones de caso por caso, difíciles de generalizar, mas hay una constante: cuanto mejor está preparada la prueba, mejor es el acuerdo.

Cuando hay bajas médicas, acoso o medidas de conciliación

Los despidos en situaciones sensibles requieren bisturí. Si estás de baja por incapacidad temporal y te despiden aduciendo “ineptitud”, hay que mirar fechas, evoluciones y notas de prevención. Si hay indicios de acoso, cada mensaje y cada testigo importan. Si te has acogido a reducción de jornada por cuidado de hijos, el margen de la compañía se angosta y una represalia puede teñir el despido de nulidad. En mi despacho hemos conseguido varias nulidades tras solicitar medidas cautelares para resguardar a la persona durante el proceso.

La realidad de numerosos trabajadores de tiendas en el centro de Sevilla o en polígonos como Calonge es que el jefe “pasa por allí” y da órdenes sin papel. Eso no impide probar un ambiente hostil si recoges patrones: cambios bruscos de turno tras pedir lactancia, sanciones que coinciden con demandas a Inspección, bromas humillantes en los conjuntos. No idealizo el proceso, sé que removerlo tiene coste emocional, pero en términos jurídicos cumple dos funciones: repara y disuade.

Empresas pequeñas, grandes sesgos

El tejido hispalense está lleno de pymes familiares y microempresas. Suelen tener virtudes, como la cercanía, y vicios, como la confusión entre esfera personal y laboral. He visto finiquitos hechos a lápiz, nóminas sin separar pluses y convenios “de palabra”. Cuando el despido llega desde esa cultura, el dossier se vuelve embrollado, lo que puede dar fuerza a la impugnación. Ahora bien, la pyme asimismo se amedrenta con facilidad y bloquea pagos. Si se prevé ese riesgo, un pacto a plazos con garantías reales o intervención de un tercero de confianza puede ser más efectivo que una sentencia a la que no se le puede ejecutar.

En cambio, en empresas medianas o franquicias, la carta suele estar mejor armada, mas el terreno para la negociación también existe. Si tu despido afecta a varios compañeros del mismo departamento, explorar el despido colectivo enmascarado no es una insensatez. Las cantidades del último año muestran ya varios procedimientos donde 3 o 4 despidos en dos meses terminaron considerándose un expediente de regulación no declarado.

Cuándo llamar a un letrado laboral en Sevilla y qué esperar

Antes de firmar, si es posible. Si ya firmaste, cuanto antes. No necesitas un tratado, necesitas orientación específica. En una primera consulta, un abogado laboralista de Sevilla debería solicitarte la carta, las últimas nóminas, el contrato, el calendario laboral y cualquier curación previa. Con eso, en una hora, es razonable trazar tres escenarios: improcedencia con indemnización, nulidad con readmisión o mantenimiento de despido disciplinario si hay pruebas sólidas en contra. También es honesto hablar de honorarios, plazos y probabilidades.

Un despacho abogado laboral serio no vende humo. En ocasiones aconsejo admitir una oferta si supera la estimación de una sentencia descontando tiempo y peligro. Otras veces insisto en ir a juicio porque la compañía ha cruzado líneas rojas, y el precedente importa. La experiencia local ayuda: conocer los criterios frecuentes de los juzgados hispalenses, la dinámica del CMAC de la Cartuja y la manera de operar de ciertas asesorías de empresa marca pequeñas ventajas que, sumadas, cuentan.

Un plan de 10 días para orientarte

    Guardar y organizar todo lo recibido, firmar no conforme si se presenta documento, solicitar copia y preservar sobres, burofax y mensajes. Solicitar cita en el CMAC y preparar la papeleta de conciliación dentro de los veinte días hábiles. Tramitar el paro si procede, examinando que el certificado de empresa sea correcto y que el finiquito no confunda conceptos. Hacer copia de respaldo de correos, chats y documentos a los que tengas acceso lícito, y compendiar testigos potenciales. Valorar con un abogado laboral Sevilla las vías de negociación y, si falla, preparar demanda con la prueba mejor estructurada posible.

Este plan no pretende facilitar lo que pesa. Busca ordenar lo urgente a fin de que no se coma lo importante. Entre el día del despido y la primera noche sin dormir hay un espacio en el que las decisiones son más frías y los errores menos probables.

Errores usuales que conviene evitar

    Firmar baja voluntaria a cambio de “facilitar el paro”, algo que no existe. La baja voluntaria bloquea la prestación. Aceptar un pago en negro por fuera del finiquito. Compromete tu situación y no es ejecutable si infringen. Devolver herramientas o portátiles sin copiar pruebas legítimas que están en tu usuario. Tras el corte de acceso, recobrar información es difícil. Confiar solamente en testigos sin asegurar su asistencia o sin fijar por escrito lo que vieron. La memoria se diluye con los meses. Dejar pasar los veinte días hábiles esperando una mejora de oferta sin papeleta presentada.

En más de una década he visto cómo estos cinco fallos, todos eludibles, complican casos que estaban bien orientados. También he visto cómo una persona ordenada, con tres documentos clave y un relato coherente, negocia mejor que otra con un dossier de 100 páginas desorganizadas.

Si hay variables internacionales o contratos atípicos

Sevilla recibe poco a poco más trabajadores de plataformas tecnológicas, empresas con sede fuera de España y contratos recónditos. En esos casos, revisar la cláusula de jurisdicción es esencial. Si bien firmes que te rige la ley de otro país, si trabajas aquí y la prestación se efectúa desde aquí, los tribunales españoles suelen ser competentes, con matices. En contratos formales de autónomo dependiente o falsos autónomos, la prueba de laboralidad toma el protagonismo: horario, exclusividad, medios de producción, facturación a un único cliente del servicio. Un “despido” en apariencia de rescisión mercantil puede impugnarse como laboral con buenos rastros.

También asoman supuestos de ETT y cesión ilegal. Si te dirige quien no te contrata y trabajas de forma estable para la compañía usuaria, quizá tengas derecho a ser reconocido como trabajador suyo. Esto cambia por completo la indemnización y las responsabilidades.

Cerrar el círculo: dignidad y futuro

Afrontar un despido es gestionar el presente con la vista puesta en el próximo paso. No todo es litigio. Mientras que se tramita la conciliación o el juicio, actualiza currículo, pide certificados de funciones, pide vida laboral y toma nota de logros mensurables: proyectos entregados, ventas con números, mejoras implantadas. En entrevistas futuras, un relato claro de por qué saliste y qué aprendiste convierte un golpe en una palanca. He visto aspirantes que, con un despido reciente y un procedimiento abierto, cambiaron de empleo con mejores condiciones en tres meses porque supieron contarlo y tenían su documentación ordenada.

Para quien lea esto desde Triana, Nervión o Dos Hermanas y tenga la carta en la mesa, hay margen. Con método, plazos controlados y asesoramiento, el estruendos baja y las opciones medran. Busca un abogado laboralista Sevilla que hable claro, que conozca los matices locales y que se moje al valorar peligros. Y no cedas tu relato: tu trabajo, tus pruebas y tu dignidad valen más que la prisa del día del burofax. Un despacho letrado laboral que se gana la confianza lo sabe, y trabaja a fin de que, al final, el resultado refleje esa realidad.

Ramos Abogado Laboralista Sevilla
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